LA CONDENA DE MUERTE A LAS FUTURAS GENERACIONES
En la actualidad, son pocos los países que carecen de una ley específica en materia ambiental, pero son menos los que cumplen. Por consiguiente, los crímenes en contra del ambiente constituye un delito menor para nuestra sociedad, sin consecuencias y remordimientos, perdonable; sobretodo si quien lo comete es una poderosa corporación transnacional o, peor aún, una empresa estatal.
Esta realidad parece ser incluso peor en los países en vías del desarrollo, en los que la urgencia por resolver dilemas sociopolíticos ponen el tema de la contaminación al final de la lista de prioridades. Si bien es cierto, que ante los crímenes ambientales existe resistencia por parte de personas normales, como nosotros desde casa o nuestras redes sociales, no son tratados con justicia real, o al menos no con la rigidez legal que se le aplica a quien atenta contra la propiedad privada o contra el orden político y económico del país.
Lamentablemente, los ejemplos sobre estas situaciones están a la orden de día y se encuentran en ambos lados del espectro ideológico. Tan perturbador resulta conocer las consecuencias del uso de fertilizantes y pesticidas con químicos peligrosos en la industria privada agropecuaria Argentina, que envenena arbitrariamente las aguas del subsuelo y destruye el balance químico del mar; la quema desmedida de grandes secciones del Amazonas para expandir la superficie cultivable en Brasil, Paraguay y Bolivia; o los innumerables desastres petroleros de la industria estatal Venezolana, cuya cobertura en los medios de comunicación locales resulta imposible. Esa biodiversidad única con flora y fauna autóctonas en América Latina parece no tener un espacio en nuestros planes para el desarrollo económico.
Es una problemática mundial y se puede medir el daño que se le hace al planeta en varias maneras. En el caso de Nicaragua, la agricultura y la ganadería contribuyen a la extinción de ecosistemas complejos, como el caso de la quema de las parcelas de caña, la cual es responsable de la emisión de gases del efecto invernadero y el exterminio de los animales que habitan en esos terrenos, además de la desviación de los ríos para el riego de cultivos que reduce el caudal de estos cuerpos de agua lo que genera que se sequen de manera más rápida. Pero no solo el campo tiene sus pecados ambientales, en el caso de la ciudad el uso desmedido de plásticos y la mala educación de los citadinos al botar basura de manera desmedida lo que ocasiona que el desagüe de la capital se obstruya y contribuya a las inundaciones son grandes año con año.
Imagen recuperada de: El Nuevo Diario
En Nicaragua existen leyes que protegen al medio ambiente, con multas que van desde los 500 a 5000 Córdobas en el caso de los civiles y si son instituciones las que botan basura o talan un árbol estos precios se disparan. Pero, no todo es tan bonito como se ve, a lo largo del tiempo las personas y las empresas se han dado cuenta que es demasiado inusual que las autoridades ambientales procedan con la multa por lo que el respeto a esa ley no existe y es algo que, a mí parecer debería de cambiar, comenzando a "poner mano dura" para los infractores de la ley.
Ahora bien, estamos idiotizados por el desarrollo tecnológico e industrial, caminamos conscientes de ello hacia la destrucción de todo lo que nos rodea para convertirlo en materia prima que exportar, sacrificando en el camino el porvenir de las futuras generaciones. Desde finales del siglo XIX, la temperatura media de la Tierra ha aumentado 1,2 grados centígrados, esto a causa de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmosfera.
Por ello, somos una sociedad cada vez más preocupada por el futuro climático y medioambiental, el incumplimiento de las leyes medioambientales y la poca atención que se le brinda a la contaminación constituyen una prueba más de nuestra incapacidad para encontrar un camino propio hacia el desarrollo sustentable.
Puede que en unos años, las toneladas de plástico vertidas al océano condenen a la extinción a las especies marinas y tornen inhabitable al lugar donde se originó la vida en la tierra; la atmósfera ya deteriorada por los gases del efecto invernadero, se tornará irrespirable. Solo entonces abriremos los ojos y con manos en la cabeza comprenderemos que el daño ocasionado ya es irreversible y seremos víctimas de las consecuencias trágicas de un modelo de existencia insostenible.
Es necesario hacerse la pregunta de ¿cuándo entenderemos que los delitos medioambientales son en realidad delitos cometidos contra las generaciones futuras? pues el mundo que se está arruinando y tornándose inhabitable es en el que ellos vivirán.
No considero que se encuentre una solución a esta problemática o por lo menos no en los años venideros, porque en la actualidad se mira el deterioro que le hemos causado a nuestro planeta; las actitudes inconscientes por parte de nosotros como una especie mas en la tierra y el gran daño que nuestras decisiones generan a la biodiversidad y estabilidad ambiental, quizá por querer tener mas y querer tener lo mejor hemos relegado al olvido el cuido de nuestro hogar, explotando recursos y haciendo que los que son renovables ya no lo sean porque consumimos más de lo que la tierra puede generar a este ritmo de contaminación y abuso por nuestra parte al planeta; nos quedan pocas generaciones futuras, considero (pienso) que los humanos somos el cáncer de la tierra y ya estamos comenzando a ser terminales .
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