¡Ni callados, ni con miedo!
La violencia sexual tanto la mujer como el hombre la ejercen, ésto no escatima en edad, ni raza, ni sexo, estatus social o religión; podríamos estar hablando de un familiar, amigo, vecino, pareja, cualquier persona de confianza o conocido quien resulta ser el victimario, el abusador.
Debemos conocer sobre la violencia sexual de género, sea quien sea el culpable ésto debe de tratarse como tal, es maltrato físico y emocional desarrollado en el acto sexual, definiéndose como una violación, donde el mayor factor de que no se denuncie y aún siga desarrollándose es el miedo, por la manipulación y la agresión que el victimario ejerce sobre la víctima, irrumpiendo en el derecho a llevar una vida tranquila donde afecta a cualquier género y propicia una ruptura en el desarrollo estable de los infantes.
Ahora bien, una agresión sexual puede impactar la vida diaria de la víctima, aunque el evento haya sido o no completado, o hayan transcurrido varios años. Existen muchas reacciones tanto psicológicas como físicas, que de alguna manera son reflejadas en determinadas situaciones dentro de su desarrollo o convivencia con la sociedad, donde el proceso de poder decir y enfrentar al mundo después de haber sufrido algo tan traumático es un tema vulnerable al cual las leyes, la familia y el entorno deberían de ser responsables y cuidadosos al momento de ser tratado o reconocido un abuso.
Si bien es cierto que se han creado movimientos y fundaciones en pro de los derechos de éstas víctimas, abriendo camino a implementación o mejoramiento mínimo, pero existente de las legislaciones que velan de cierta manera más por las mujeres, sus levantamientos en defensa de los derechos en los últimos años han propiciado que actualmente incrementen la taza de crímenes hacia éstas, elevando el acto violento del abuso sexual de género a femicidio.
Hoy en día vivimos en una sociedad donde las leyes y el actuar por parte de las autoridades ante estos comportamientos aberrantes e injustificados de violencia sexual aún no son de manera eficaz y equitativa, aún no están bien argumentadas y capacitadas conforme a igualdad de derechos, creando inconformidad en el sexo masculino.
Es bien sabido que el hombre aún es visto como sinónimo de burla cuando se reconoce que él es la víctima, que es él quien ha sufrido de abuso sexual por parte de su pareja; caso contrario si éste fuera quien ejerciera el abuso, siendo ésto totalmente absurdo. Es algo equívoco y triste que la sociedad reaccione de esta manera y que las autoridades también se presten a esto en pleno siglo XXI, llevando a muchos hombres a desistir de ejercer sus derechos y denunciar estos atropellos por parte de su cónyugue y evitarse así ser la burla de muchos.
Haber padecido y sobrevivido a la violencia sexual es una experiencia terrible lo que hace que superarlo pueda resultar extremadamente difícil; comúnmente las personas tratan de olvidar por completo los hechos, lo que hace aún más compleja la solución del problema, ya que para poder sobreponerse a esta situación es necesario afrontarla y entender que no es algo por lo que se deba sentir culpa o vergüenza, mucho menos rencor o verlo como un acto normal, aceptable y repetible.
Siendo en la mayoría de los casos el varón quien más se guarda estos sentimientos, desarrollando diversos traumas al igual que la mujer, pero de manera más difícil de tratar, por el aún pensamiento machista en el que vivimos y la falta de atención que se le da desde muy pequeños, si es el caso de la víctima y aún en la adultez por ser hombres.
Como consecuencia de la violencia, se desarrolla un trastorno disociativo, se sienten retraídos y enojados con ellos mismos y el mundo. También la aparición de estrés postraumático, baja autoestima, culpabilidad o incluso sentirse sucios.
En los casos más graves se desencadenan la aparición de trastornos psicológicos más severos, teniendo problemas al momento de convivir con otras parejas, o en la tenencia y crianza de hijos, transmitiéndoles el mismo abuso, creando una cadena generacional de violencia que se denota en el actuar de los menores en su entorno social como lo es el colegio, sus amigos, animales y la familia.
La crianza de los hijos, el nuevo comienzo de una familia es algo difícil de desarrollar después de haber sufrido todos esos procesos de recuperación; no se puede decir que es algo imposible, pero sí difícil, siendo esto un caso que debe llevarse de la mano con apoyo terapéutico y el solo hecho de que el culpable, el victimario haya pagado por tales abusos es un paso grande para el avance psicológico que puede causar en quien fuera la víctima.
En conclusión, la sociedad, instituciones y autoridades gubernamentales deben ser más radicales en la ejecución de programas y leyes, en la igualdad y defensa de los derechos, trabajando de la mano con los grupos de ayuda y atención social, reaccionando de manera inmediata y cercana con quienes sufren de este tipo de violencia; ésto es un punto de partida para ir haciendo el cambio; estamos claros que es una tarea difícil, pero no imposible, y hasta que no se haga conciencia seguiremos en el mismo ciclo de múltiples riesgos de sufrir una de cada cuatro mujeres y uno de cada seis hombres violencia sexual en el mundo.
Autora: María José Del Palacio Núñez
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